portada agosto  2013

Actualización Verde de Edificios Existentes

Por: Dr. Fernando Abruña Charneco, FAIA

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foto de un patio interior

 

Crecimiento no es sinónimo de bienestar...de esto deberíamos estar conscientes todos y todas las boricuas que vivimos en esta isla. Por ejemplo, nuestro Departamento de Educación cuenta con un presupuesto mayor que el presupuesto total de varios países en América. Los estándares de escolaridad de estos países, sin embargo, son mayores y mejores que los nuestros. Por lo tanto, más dinero, evidentemente, NO es la solución sostenible. Si esto es así, ¿por qué no podemos resolver nuestros problemas con menos recursos?...¿Por qué no podemos ser más eficientes? En nuestra oficina de diseño de arquitectura sostenible, uno de nuestros mantras es: Ser tan eficientes que podamos hacerlo casi todo, ¡con casi nada! Precisamente, este lema es un componente importante de la prédica- exitosa por cierto- del Presidente José Mujica en Uruguay. Debemos emularlo en Puerto Rico para atender algunos de nuestros problemas.

¿De que vale legislar a raudales si no contamos con los recursos para la implantación de esas leyes? ¿Preferiría usted menos escuelas, pero mejor operadas y mejor mantenidas, que muchas escuelas mal operadas y en mal estado? ¿Preferiría usted menos carreteras, mejor operadas, conservadas y mantenidas, que más carreteras mal operadas y en mal estado?

En Puerto Rico, cuando queremos resolver el problema de la educación, proponemos construir más escuelas, para el de transportación, más carreteras, para el de salud, más hospitales. Parecería que abogáramos por la construcción de más y más edificios como la única opción para atender problemas cuya solución estriba realmente en una mejor cultura cívica, así como en una infraestructura social de responsabilidad, conservación y eficiencia, lo que no supone construcción, sino educación y sana administración. En todos estos escenarios, probablemente, “más” no es, necesariamente, mejor...de la misma manera que querer resolver el problema de la criminalidad proponiendo reclutar más policías, tampoco lo es.

En el año 2008, las economías de los países desarrollados, así como las de los emergentes, colapsaron ante la acumulación de deudas insostenibles que todas ellas tenían y que, aún, muchas de ellas mantienen. Grecia, España y Puerto Rico son buenos ejemplos de este fenómeno mundial. Para que el público lector tenga un sentido de escala, será suficiente recordarle que ese mismo año el sistema LEED (Leadership in Energy and Environmental Design), para la certificación de edificios verdes, del US Green Building Council, sufrió una transformación nunca vista antes. Previo al 2008, la certificación de proyectos nuevos de diseño y construcción verde llevaba la delantera y prominencia en el interés de su matrícula y entre profesionales con acreditación en el sistema. A partir del descalabro financiero del 2008, las certificaciones verdes de edificios nuevos descendió a un nivel tal que la actualización de edificios existentes las superó.

Actualización es el término correcto en español para referirnos a lo que con frecuencia denominamos como “retrofit” en el idioma inglés. Actualización se define como: Proporcionar a un edificio piezas, equipos, sistemas o estrategias nuevas o modificadas que no estaban disponibles o que se consideraran innecesarias al momento de su construcción. De forma breve, se trata de la adaptación de un edificio existente a nuevas circunstancias presentes.

Para entender mejor la importancia del mantenimiento y operación de una instalación, bastará con ver que estas actividades representan el 85% de la inversión total en la vida útil de un edificio, mientras que el diseño y construcción de éste supone solo el 15%. Estas cifras constituyen suficiente argumento para reenfocar las asignaciones presupuestarias: ... deben asignarse más recursos para mantener y operar que para construir.

Aunque suene trillado, “la calidad debe imperar sobre la cantidad” como política de sostenibilidad. Dediquemos una porción significativa de nuestro futuro a conservar, mantener y mejorar lo que tenemos en nuestro ambiente natural y construido, en lugar de tratar de seguir “creciendo” insosteniblemente a través de la construcción. Un dólar invertido en estrategias de conservación y eficiencia equivale, de forma general, a cinco dólares invertidos en tecnologías sofisticadas, tales como sistemas fotovoltaicos, aerogeneradores o techos naturados. La moraleja de esta lección es que, al momento de hacer una actualización de un edificio existente, será más prudente hacer las inversiones iniciales en estrategias de conservación y eficiencia. El complejo y costoso “traje tecnológico” se lo pondremos al edificio una vez hayamos completado de forma exhaustiva las posibilidades de la conservación… “negawatts” en sustitución de “megawatts”.

Dentro de este escenario, será fácil comprender, público lector, que una bombilla incandescente que no se enciende sigue siendo más eficiente que una lámpara LED encendida. De la misma manera, la mejor lámpara LED no compara en eficiencia con la iluminación natural que obtenemos de la sabia ubicación de la fenestración (ventanas y puertas), así como de la orientación y geometría de un edificio. Aunque la actualización verde de un edificio existente supone atender su emplazamiento, el uso del agua, de la energía, de los materiales y recursos así como la calidad de su ambiente interior, podemos estipular que el aspecto principal que amerita mayor atención es la eficiencia y conservación de la energía. En un segundo lugar, el consumo de agua va adquiriendo poco a poco mayor importancia.

Las estrategias de conservación y eficiencia en el uso de la energía han demostrado ser los elementos de mayor costo en la operación y mantenimiento de los edificios, especialmente en Puerto Rico donde el costo actual ronda cerca de los $0.30/kilovatio hora de consumo. Desde el punto de vista de inversión de capital, resulta ser el renglón en el que existen mayores oportunidades y posibilidades de éxito.

Antaño, se consideraban económicamente viables aquellas inversiones de capital, para proyectos de mejoras, con períodos de recobro (“simple payback period”) de uno a dos años. Sin embargo, el análisis de recobro de inversión no es el más apropiado al momento de determinar la viabilidad de los sistemas de eficiencia y conservación de energía. En la actualidad, en cambio, se practica el Análisis de Costo de Ciclo de Vida. En éste, se consideran los costos y beneficios a mediano y largo plazo. De hecho, los costos en proyectos de energía se ven más como inversiones que como gastos. Entre otras, es una de las principales razones por las cuales actualmente se consideran como saludables las inversiones con periodos de recobro de entre tres a cinco años.

¿Cuáles son los primeros pasos a seguir en la actualización de un edificio?

La práctica más común se inicia con auditorías de energía. De forma general, se practican tres tipos de auditorías. La más sencilla se conoce como auditoría tipo “walk through” por su término en inglés. En ésta, la persona que audita es acompañada por la persona gerente de las instalaciones, quien llevará consigo una cámara y una grabadora de mano. Ambas inspeccionan las instalaciones del edificio caminando a través de ellas (de aquí su nombre) y detectando aquellas estrategias evidentes al ojo entrenado de quien audita. La gerencia va fotografiando y grabando lo que la persona auditora va descubriendo y comentando, según transcurre “el paseo informado” a través de las instalaciones. Luego de este recorrido, se priorizan las estrategias y se procede a su implantación. Con frecuencia, las estrategias que se proponen en este tipo de auditoría son de tipo operacional y suponen muy poco o ningún costo.

El segundo, y más común, tipo de auditoría es la Auditoría de Análisis (de consumos energéticos). En ésta, se añade un estrato adicional de información. Aquí se estudian los períodos de facturación y la intensidad y frecuencia de los consumos, y se comparan con las estimaciones que se hacen de los diferentes equipos, enseres y sistemas existentes en el edificio bajo estudio. Se analiza además la eficiencia de la envoltura térmica del edificio y se estudian y proponen proyectos de conservación y eficiencia que suponen inversiones de dinero.

El tercer tipo de auditoría de energía es la más completa y rigurosa; también es la más costosa pues, como regla general, además de incluir los trabajos que se efectúan en los otros dos tipos, implica la instalación de equipos de medición y monitoreo de consumos en las diferentes dependencias del edificio en cuestión.

Los consumos energéticos varían según la tipología edilicia, de los edificios o de su construcción, a considerar. Así, por ejemplo, el consumo de agua caliente en un hotel será un aspecto prioritario de atención, a diferencia del de un edificio de oficinas, donde el consumo de agua caliente es marginal. Haciendo esta salvedad, de forma muy general, se considera sabio, para la mayoría de los edificios a los que se interesa hacer una actualización verde, atender de forma prioritaria los consumos por concepto de iluminación y de acondicionamiento de aire.

Es evidente que todos estos aspectos y estudios deben considerarse al momento de iniciar un proceso de actualización de un edificio existente y que, en este escrito, apenas hemos esbozado los aspectos sobresalientes sobre el tema. Esperamos que la información aquí suministrada sirva de agente catalizador para impulsar a las personas concernidas hacia la acción sostenible en la operación y mantenimiento de edificios existentes que aspiran a convertirse en verdes.

 

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