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Algunas propuestas ecológicas para la producción de alimentos en Puerto Rico

Por: Nelson Álvarez Febles especialista en agricultura orgánica y sustentabilidad rural, y autor de los libros El huerto casero: manual de agricultura orgánica y La Tierra Viva: manual de agricultura ecológica. info@ecoser.org www.ecoser-desarrollointegral.blogspot.com

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La agricultura ecológica es una opción viable y productiva ante la creciente procupación en Puerto Rico por la dependencia en la importación del 85% de los alimentos que se consumen y por la baja calidad de muchas de las provisiones que llegan a la Isla. Además, la agricultura ecológica ofrece la oportunidad de proteger la tierra, las aguas y la diversidad biológica, recursos naturales muy abusados.

Nuestras tierras, especialmente en las montañas, tienen suelos erosionados debido a siglos de cultivo y pastoreo y a su uso intensivo sin medidas de protección durante el siglo pasado. Las quebradas y ríos sufren de sedimentación, lo que perjudica la cantidad y calidad de nuestros abastos de agua. Las prácticas agrícolas actuales son en parte responsables de la destrucción de los hábitats acuáticos naturales, con repercusiones que abarcan desde las cuencas hidrográficas, los cuerpos de agua dulce, los estuarios y deltas marinos, hasta los arrecifes costeros.

La agricultura ecológica es una agricultura alternativa que tiene como metas la salud del ecosistema, la viabilidad económica a largo plazo y la responsabilidad social. Lo que llamamos agricultura ecológica recoge conceptos que se vienen desarrollando bajo una gran variedad de nombres y enfoques: agricultura orgánica, biológica, biodinámica, sustentable, permacultura, alternativa o el manejo integrado de plagas. Este tipo de agricultura utiliza prácticas agronómicas modernas a la vez que integra tecnología y conocimientos tradicionales (ver, por ejemplo, Bases científicas de la agroecología, M. Altieri, 1999), a saber:

  • La variedad de cultivos a través de la utilización de la rotación de cosechas, los cultivos intercalados y el descanso del suelo o la selección de variedades de cultivos que se adapten bien a las condiciones de suelo y clima de la finca.
  • La utilización de materia orgánica para mejorar los suelos y nutrir los cultivos, minimizando del uso de abonos no orgánicos.
  • El uso de controles no tóxicos para el control de plagas y enfermedades.
  • Los controles mecánicos y orgánicos de la vegetación no deseada, en vez de usar herbicidas.
  • El aprovechamiento y reciclaje de los recursos internos de la finca y de la vecindad para reducir en lo posible los costos de producción.
  • La protección del suelo de la erosión, la no contaminación de los recursos naturales, la protección de las especies autóctonas -herencia genética- el fomento de la biodiversidad y la regeneración del ecosistema local.

En el recuadro que se acompaña, incluyo unas breves reseñas de estudios que demuestran que las prácticas de la agricultura ecológica son viables agronómicamente y pueden ser más productivas por área de cultivo que la agricultura contemporanea industrial, que depreda los recursos naturales y hace uso intensivo de insumos externos: abonos de síntesis química, plaguicidas y herbicidas, mecanización pesada, combustibles fósiles, riego y semillas híbridas y transgénicas.

Además de utilizar investigación y tecnología apropiada y moderna, si aspiramos a producir alimentos en nuestra Isla en forma ecológica, rentable y sustentable, nuestros conocimientos agríolas tradicionales no sólo deben estar en nuestro pasado, sino también en el futuro. Son el resultado de siglos de prácticas que permitieron alimentar a nuestros pueblos y legar los recursos naturales para las generaciones siguientes. Esos saberes –que han sido por lo general desechados por considerarse parte de una cultura jíbara campesinatienen mucho que aportar a la sustentabilidad futura de nuestra agricultura y soberanía alimentaria.

Una de las tecnologías que se está recuperando es el arado con bueyes en los terrenos inclinados de las montañas. Se usan bueyes de una raza del país que son fuertes y anchos, descendientes de los que trajo la colonización española y adaptados durante siglos a nuestros cerros y al clima tropical húmedo. El arado con bueyes es la manera más apropiada para arar nuestras tierras montañosas: no utiliza combustibles fósiles, protege la biodiversidad, los bueyes se alimentan con pastos, no contamina cuerpos de agua y protege los suelos de la erosión, a la vez que facilita las tareas de siembra. Recientemente, el Departamento de Agricultura de Puerto Rico ha vuelto a subsidiar el uso de yuntas de bueyes.

Otro ejemplo de tecnología tradicional que debe estar en nuestro futuro es el uso de policultivos, a través de asociaciones de cultivos, cultivos intercalados y rotaciones. Un buen ejemplo de lo anterior es la siembra de café con sombra en bosques manejados para el reciclaje de materia orgánica y la conservación del agua y que son ricos en biodiversidad. Son fincas agroforestales que tienen una gran variedad de cultivos comerciales y para el sustento de la familia agrícola: café, cítricos y otras frutas, panas y tubérculos, berros y hasta planas medicinales.

Me gusta pensar que la agricultura ecológica es un puente que atraviesa el presente, recupera lo mejor de la tecnología y el conocimiento del pasado y, a través de una investigación participativa en la cual agricultores, agricultoras y personal técnico trabajan en unión, abre puertas a la producción de alimentos de calidad y a su acceso en un futuro que queremos imaginar sustentable, ecológico y socialmente justo.

Varios estudios realizados en todo el mundo documentan el aumento y el éxito en la producción en fincas pequeñas y medianas con la introducción de la agroecología:

  • Una investigación científica realizada en 57 países encontró que la agricultura sustentable puede aumentar los rendimientos en 79%. (Pretty et al., 2006).
  • Unas investigaciones de la Universidad de Michigan demostraron que la agricultura orgánica tiene el potencial de producir tantos alimentos, si no más, que los que se producen hoy a través de la agricultura contemporánea. La mayor disponibilidad de nitrógeno (abonos verdes, materia orgánica) las rotaciones y asociaciones de cultivos, la agroforestería, las fincas integradas, el manejo eficiente del agua y la protección del suelo son las bases de ese aumento de producción. (Perfecto and Badgley, 2008)
  • El aumento promedio en rendimiento a nivel mundial con la producción orgánica se calcula en 132% sobre el nivel de producción actual. (Organic Agriculture and Food Security, FAO, 2007).
  • En Brasil, la producción aumentó de 20 a 50% con el uso de abonos verdes. (Parrot et al., 2002).
  • Los pequeños sectores productores en todos los países en vías de desarrollo, al incorporar técnicas agroecológicas como rotación de cultivo, uso de plantas cobertores de suelo, agro forestaría, fertilizantes orgánicos y mejor manejo del agua, obtienen proporcionalmente una mayor producción. (Badgley et al., 2007).
  • Tras una extensa investigación y revisión de literatura, el prestigioso y oficialista Consejo Nacional de Investigación de Estados Unidos (National Research Council), publicó un informe en 1989 en el que se concluye, entre otros resultados, que existen prácticas agrícolas alternativas que son formas viables y económicamente compatibles para lograr rendimientos satisfactorios, conservar los suelos, proteger el agua, reducir el uso de fertilizantes y plaguicidas químicos y reducir los costos de producción. (National Research Council. Alternative Agriculture, 1989).
  • Según un informe de la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica (International Federation of Organic Agriculture Movements, IFOAM), en el año 2005 se hizo agricultura orgánica en 120 países, sobre un área de 31 millones de hectáreas, en 20 millones de héctareas adicionales de bosques y áreas silvestres bajo manejo sustentable (para un total 110 millones de cuerdas), en 623,000 fincas orgánicas en todo el mundo. (IFOAM, 2006).

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