ALTERNATIVAS ENERGÉTICAS ANTE EL ESTANCAMIENTO ECONÓMICO DEL PAÍS

foto de un techo lleno de paneles solares

 

Por: Gerson Beauchamp Báez y Arturo Massol Deyá Comisión Científica y Técnica / Casa Pueblo de Adjuntas

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Especial para “Corriente Verde”

Puerto Rico vive vulnerablemente en la dependencia de importar combustibles fósiles para generar el 99% de la energía eléctrica. Sea carbón, petróleo o gas natural, la extracción, transporte y almacenamiento de estos combustibles impone nefastas consecuencias ambientales, incluyendo emisiones durante su quema, que agravan problemas como el calentamiento global. La situación descrita también tiene un efecto económico. Cualquier inversión en estas tecnologías nunca se recupera. Al contrario, se requiere la compra eterna de combustible para producir la energía eléctrica. Por eso, romperesta dependencia en un país sumido en una grave crisis económica debe ser la prioridad. Para lograrlo, la vía a seguir debería ser provocar una transición verdadera a formas renovables de generación de energía que abunden en nuestro entorno.

Esta meta de hacer una transición a fuentes renovables cancela la propuesta del gobierno de construir un gasoducto para llevar gas natural a unas plantas de la AEE que apenas aportan de 20-25% de la generación eléctrica del país. El gasoducto no es un buen negocio para un país con graves problemas económicos. En lo que respecta a la inversión en esas tecnologías, el repago de $500 millones de dólares en una tubería, por ejemplo, nunca se recobra, pues la tubería por sí sola no genera energía y se requiere de combustible para operarla.

Como isla caribeña, la meta a adoptar debe ser la de alcanzar un 20% de fuentes de energía renovable para el 2015 a través de generación distribuida con sistemas fotovoltaicos y medición neta, parques eólicos y energía solar termal para complementar la generación de vapor necesaria en las plantas de energía de la AEE. Esta es la verdadera diversificación energética. Son todas alternativas probadas y reducirían la cantidad de combustible externo necesario para operar esas plantas.

Tal reducción equivale a retener en nuestra economía sobre $400 millones al año. Este capital, junto a otras estrategias como la de fomentar cooperativas energéticas, potenciará una verdadera economía verde creando miles de empleos permanentes a lo largo de la isla por múltiples compañías existentes y otras por nacer.La oportunidad para potenciar el sector cooperativista queda incluida como otro de los beneficios añadidos de esta ‘corriente verde’. El efecto de este proceso será multiplicador, es decir, en la medida en que rompemos la dependencia de combustibles externos, más recursos se retienen para continuar la transición.

Nada más con instalar paneles fotovoltaicos en todas las escuelas, edificios públicos y casas de interés social se reduciría significativamente el uso de combustibles fósiles. Estudios de la UPR, Recinto de Mayagüez, evidencian que utilizar aproximadamente el 65% de los techos de las residencias del país sería suficiente para generar con paneles fotovoltaicos toda la energía eléctrica que necesitamos durante las horas pico (la energía más costosa). Además, estudios técnicos han documentado el efecto beneficioso de la interconexión en los perfiles de voltaje, reducción de pérdidas y mejoras de eficiencia en el sistema de distribución.

El ahorro en el bolsillo es permanente. La energía del sol es gratis, recurrente, sin riesgos de explosividad, no genera gases que contaminan, ruidos o daños al paisaje.

¿El recobro de la inversión? La deuda a los bonistas para construir el gasoducto del norte requiere pagos estimados de $40 millones al año, otros $12 millones en operación y mantenimiento, pago de sobre $10 millones en peaje más el gasto interminable del combustible. En contraste, aunque la inversión inicial en fuentes renovables es alta en su origen, los costos de operación y mantenimiento son bajos, no hay peajes y nunca se paga por ajuste ni combustible.

Afortunadamente, a esta inversión sí se le puede establecer un tiempo de recobro, el cual puede ser tan corto como el que toma un préstamo para un automóvil o los préstamos personales. En cambio, depender de combustibles fósiles representa una hipoteca permanente, una calle sin salida.

¿Las renovables? Éstas deben ser la meta a perseguir con la intensidad y voluntad requerida. Debe ser la política pública para las futuras inversiones del país, dirigidas a energía sustentable, en lugar de hacer nuevos compromisos económicos con tecnologías viejas y ambientalmente incompatibles.

Como medida complementaria, es imperativo promover una cultura energética responsable reduciendo el consumo de energía en los hogares, lugares públicos, escuelas, centros de trabajo y empresas con la meta de alcanzar una reducción del 15% en los próximos cinco años. Esto representa otra gran oportunidad para estabilizar la economía puertorriqueña. Los avances en tecnologías con sistemas más eficientes para iluminación, refrigeración, calentamiento de agua y otros servicios podrían lograr con rapidez una reducción en la demanda de energía y en los gastos por combustible. La reeducación para fomentar la responsabilidad que tenemos de economizar energía eléctrica es fundamental para asumir el comportamiento humano ético y responsable con las próximas generaciones.

Lograr ambas metas, ser sustentables y éticamente responsables, representaría el más grande avance para enfrentar la crisis económica que nos estanca, pues estaríamos reteniendo sobre $900 millones anuales en nuestra economía. Ambas medidas – el uso de las fuentes renovables y el consumo responsable – sobrepasan por mucho la capacidad instalada de la AEE en la costa norte de Puerto Rico. Hagamos lo correcto ahora, no posterguemos lo inevitable.

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