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Cambio energético desde la base comunitaria

foto de un gasoducto en construccion

 

Alexis Massol González, Gerson Beauchamp Báez y Arturo Massol Deyá Comisión Científica y Técnica / Casa Pueblo de Adjuntas 

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El Gobierno de Puerto Rico declaró un estado de emergencia energética como justificación para viabilizar el proyecto “Vía Verde”. El plan consiste en la construcción de un gasoducto desde el terminal de EcoEléctrica-Fenosa, al sur de la isla, que atravesaría la Cordillera Central y se desplazaría por unos 106 km adicionales en la costa norte. La inversión necesaria para montar toda esta infraestructura se aproxima a los $500 millones. La propuesta anuncia la sustitución de petróleo por gas natural, como combustible primario para generar energía eléctrica, lo cual plantea sustituir un combustible fósil que contamina mucho por otro que contamina un poco menos. Sin embargo, la llamada “Vía Verde” presenta muchos problemas y provoca muchas más preguntas.

En primer lugar, el proyecto, de concretarse, nos expondría a una condición de vulnerabilidad energética al colocar en un solo punto la entrada del combustible necesario para generar el 70% de de la energía eléctrica de Puerto Rico. Esa limitación nos hace preguntarnos: ¿Qué tal si ocurren averías en el sistema de transmisión de combustible? ¿Cuáles serían sus consecuencias en la generación de energía eléctrica del país? ¿Cuáles serían los impactos al ambiente?

En lo que respecta al ambiente y a la calidad de vida de la gente que reclaman las bases comunitarias, cabe cuestionarnos: ¿En dónde queda la infraestructura verde, necesaria para que un país pueda dirigirse hacia un desarrollo sostenible, que se vería amenazada por el proyecto? ¿Por qué no se ha tomado en cuenta el derecho a la paz y a la tranquilidad que los y las habitantes reclaman?

El área de impacto ambiental directo incluye sobre 1,500 cuerdas de bosques que albergan gran biodiversidad y que remueven continuamente CO2 de la atmósfera. Las consecuencias previsibles de esta huella en el ambiente son la reducción de los flujos mínimos de nuestros ríos en épocas de sequía y, por otro lado, el incremento de las escorrentías aceleradas en épocas de lluvia. Además, se afectarían cientos de cuerdas de valor agrícola y más de 50 comunidades a lo largo de su ruta, colocando en riesgo directo a sobre 120,000 habitantes que viven a menos de 200 metros de la alineación del gasoducto.

Por otro lado, los hechos evidencian el riesgo que queremos prevenir. Ya, el pasado 15 de marzo del 2006, el terminal de recibo de combustible sufrió un escape de gas, el cual tomó unas cinco semanas reparar. En esa ocasión hubo daños y se tuvieron que re-certificar las instalaciones. El problema se agrava si consideramos que el proyecto coloca a Puerto Rico en necesidad de recibir de 4 a 6 desembarcos de combustible al mes. Ante este panorama, fallas ocurridas en el pasado y reconocidas por la “Office for Pipeline Safety” del Departamento de Transportación Federal colocarían al país al borde de una crisis energética real. Algunas de estas fallas podrían darse a causa de deslizamientos, de corrosión de tuberías y por fuerzas naturales, por ejemplo inundaciones y terremotos, tal como ocurre rutinariamente con tuberías en los Estados Unidos. Como cuestión de hecho, en ese país se han reportado sobre 1,400 fallas en los últimos 19 años, generando daños a la propiedad de sobre $682 millones.

A la luz de estos datos, hay que considerar que, de interrumpirse súbitamente el suplido de gas natural por alguna falla en el tubo, podríamos sufrir el colapso del sistema eléctrico de Puerto Rico provocando apagones y causando daños incalculables a nuestra economía. A tal crisis energética nos conduce el plan gubernamental de un gasoducto a expensas de la seguridad pública, energética, económica y ambiental de la isla.

¿Qué hacer?

Como país isleño sometido a la dependencia de combustibles fósiles que drenan la economía, necesitamos provocar una transición verdadera a formas renovables de generación de energía y que abundan en nuestro entorno. Alcanzar un 15% de fuentes de energía renovable para el 2015 a través de generación distribuida con sistemas fotovoltaicos y medición neta, sumado a otras tecnologías, debe ser la meta a trabajar con la intensidad y voluntad requerida.

En un próximo artículo hablaremos de propuestas de alternativas reales y sustentables para generar energía.

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