Ciudades Sustentables Y BIOMÍMESIS

Foto de un panal de abeja

 

Por: Edlyn García La Torre

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El hambre del ser humano, como especie clave, ha transformado nuestro planeta a través de la explotación del terreno desde el comienzo del asentamiento urbano y de la agricultura, que han provisto lo básico para sobrevivir: comida y refugio. A pesar de que el cambio climático siempre ha existido, es impresionante su aceleración a un ritmo alarmante por el impacto de nuestra propia evolución tecnológica. Existe evidencia que muestra que la causa de la desertificación del Sahara ha sido en gran parte provocada por la explotación del terreno y por la civilización humana en los tiempos faraónicos. Del mismo modo, tenemos ejemplos más cercanos a nuestra realidad con el impresionante caso de Haití y República Dominicana.

Nuestro planeta está en constante cambio, pero es formado por una red altamente compleja donde coexisten sistemas que están en balance. Cuando un organismo vital como las abejas comienza a desaparecer, su aportación a la red crea una ola de causa y efecto que puede cambiar el mundo como lo conocemos. Del mismo modo, los seres humanos somos una especie clave dentro de la red, hasta cierto punto invasora porque no aportamos al balance del sistema de nuestro hábitat, que es el planeta tierra, sino que estamos alterando y afectando la red y poniendo a prueba su resiliencia o sea, su capacidad de recuperarse.

Nuestra historia como civilización está basada en la conquista y separación de terrenos regulados por el gobierno, la cultura, la lengua, la religión y la jerarquía social. Con el tiempo, la evolución de nuestro propio sistema se ha alienado de los sistemas naturales, con excepción de su control y manipulación. En vez de co-existir dentro del sistema natural, hemos querido reprogramar sin medir causa y efecto. Si vemos el planeta desde lejos es uno solo, compartimos el mismo aire, agua, y tierra, pero al acercarnos es evidente la división creada por la civilización humana.

Para obtener una coalescencia entre nuestro ambiente construido y el natural, debemos entender las diez propiedades de los sistemas naturales:

  1. Funcionan a partir de la luz solar.
  2. Usan solamente la energía imprescindible.
  3. Adecúan forma y función.
  4. Lo reciclan todo.
  5. Recompensan la cooperación.
  6. Acumulan diversidad.
  7. Contrarrestan los excesos desde el interior.
  8. Utilizan la fuerza de los límites.
  9. Aprenden de su contexto.
  10. Cuidan de las generaciones futuras.

Las intenciones de coexistir con la naturaleza en el urbanismo se pueden ver en propuestas utópicas como la de cuidad jardín de Howard. Sin embargo, al querer simplificar y dividir zonas en propuestas de dos dimensiones, excluimos factores de complejidad que ya existen en el mundo natural. La clave está en cómo nuestro impacto aún forma parte del balance. Siempre existirá la cadena alimenticia, el cambio climático y épocas de sequía entre otros asuntos. Como residentes del planeta y organismos, estamos vivos por el sol y el agua, elementos básicos para la vida. Por eso, como formamos parte del ciclo de vida, mantener el balance debe ser nuestra misión como especies sociales.

Si queremos ciudades que formen parte del ciclo de vida, debemos empezar a mirar cómo la naturaleza se conecta y qué organismos ya tienen resuelta su aportación al ciclo. Este concepto de estudiar el genio de la naturaleza para ser imitada no es nada nuevo, aunque tiene un término popular llamado biomímesis.

El término biomimética fue acuñado por el biofísico estadounidense Otto Schmitt en la década de 1950. A pesar de que es un término conocido desde antes y relacionado con la tecnología, no fue hasta el 1997 que se popularizó con el libro de Janine Benyus, Biomimética: Innovacion Inspirada por la naturaleza. De acuerdo con ella, “la biomímesis es una estrategia de inserción de los sistemas humanos dentro de los sistemas naturales.” Como menciona Jorge Riechmann, es esa inserción de estrategias la que mantiene ese lazo y conexión del ser humano al necesitar y buscar contestaciones a sus innovaciones en la misma naturaleza.

Biomimética, entonces, es la emulación consciente del genio de la naturaleza. Es por eso que la naturaleza tiene tres roles importantes: naturaleza como modelo, medida y mentora. La naturaleza es como un laboratorio donde se aplica el método de observación y análisis. Se trata de imitar la naturaleza, no porque sea una maestra moral, sino porque funciona. Hay tres maneras de mimetizar: forma, función, sistema.

Vivimos en un mundo interconectado y lograr entender los sistemas y cómo se conectan, es vital para poder formar parte del ciclo de la vida.

Para una cuidad más sustentable, se debe lograr mimetizar al tercer nivel los ecosistemas naturales y sus procesos para lograr la integración.

Desde los nutrientes básicos de la vida como el uso de la energía solar y el agua, los organismos en sus ecosistemas utilizan con mayor eficiencia lo necesario. A su vez, pueden identificar cambios en los patrones climáticos para prepararse con reservas de agua, animación suspendida, almacenamiento de nutrientes, entre otras medidas. En la naturaleza, no existe desperdicio y los desechos de algún organismo son nutrición y comienzo de vida para otros. Al pasar del macro del sistema al micro, podemos escoger la aportación al sistema natural de organismos sociales tales como las hormigas y las abejas.

Es impresionante la similitud que los seres humanos podemos tener con estos organismos sociales. Las hormigas, por ejemplo, tienen su propio vertedero y cementerio, a su vez cultivan su comida con prácticas similares a nuestra agricultura. Su aportación al sistema, no solo a la cadena alimenticia, al mantenimiento nutricional de los suelos y aeración del mismo es importante, haciendo de las hormigas otra especie clave en el sistema. Otros organismos sociales como las abejas y avispas son excelentes ejemplos de construcción por su uso de materiales locales, su eficiencia en forma y su aportación al sistema natural en su rol de polinizadoras de la flora. Los hongos son un sistema impresionante que recicla toda descomposición, convirtiéndola en nutrientes. Su sistema de comunicación y detección de nutrientes es envidiable hoy en nuestro mundo de comunicaciones y tecnología.

Así mismo, la lista puede continuar con excelentes ejemplos de cómo el balance del sistema natural sucede y apenas el ser humano comprende un porcentaje bajo. Vivimos en una era en la que no podemos seguir simplificando los sistemas, pero gracias a la evolución tecnológica, podemos empezar a entender la complejidad del sistema natural y poder aplicarlo a nuestras ciudades logrando que nuestra aportación a la red natural no provoque un desbalance. Nuestro rol como especie clave y organismo social con una huella ecológica inmensa debe ser de control y mantenimiento de ese balance, cuidando de nuestro único hogar, una mega ciudad donde compartimos todos y todas el mismo aire, agua y tierra.

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