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CONTAMINACIÓN, deforestación y efectos en el aire

nino abrazando un arbol

 

Por: Lcdo. Carlos Colón Franceschi

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Existe un considerable debate sobre las causas y posibles consecuencias del cambio climático o calentamiento global. Entre otras discusiones, se debate si se ha registrado o no un aumento sustancial en las temperaturas de la superficie de la Tierra, si la actividad humana ha contribuido sustancialmente o causado un cambio en temperaturas y si los aumentos continuarán o cuán severos serán en el futuro. La controversia es más o menos aguda dependiendo en qué parte del mundo se examine. Estados Unidos es uno de los países con mayor grado de incredulidad sobre este tema. Esto ha resultado en un extenso y agrio debate, mayormente político, sobre si se deben o no tomar medidas y sobre cuán drásticas deben ser dichas medidas.

Sin embargo, existe consenso en que las actividades de los seres humanos contribuyen en algún grado al cambio climático al emitir gases que crean lo que se conoce como el efecto invernadero. Esto se refiere a la absorción —por ciertos gases atmosféricos, principalmente CO2— de parte de la energía que el suelo emite como consecuencia de haber sido calentado por la radiación solar. Sabido es que el efecto invernadero es un fenómeno también natural que estabiliza el clima en la Tierra. Este efecto natural no es objeto de controversia. El debatido efecto invernadero que nos preocupa a todas las personas se refiere al aumento en las temperaturas de la Tierra más allá del cambio que ocurre naturalmente y que parece ser causado por la gran emisión de gases a la atmósfera a consecuencia de la actividad humana.

Para sorpresa de algunas personas, los bosques, árboles y plantas contribuyen tanto de forma positiva como negativa a las emisiones de gases de invernadero. Contribuyen negativamente cuando liberan gases de invernadero como resultado de la limpieza, remoción, quema o descomposición de los árboles o material vegetativo. Los árboles también, de forma natural, liberan carbono a lo largo de su ciclo de vida, ya que pierden sus hojas, ramas, frutos secos, frutas y otros materiales. Por otro lado, contribuyen positivamente cuando absorben dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera y lo conservan en forma de celulosa (el componente principal de todos los tejidos vegetales y fibras) y otros materiales a medida que crecen. Cuando el nivel de crecimiento de los árboles supera la tasa de corte y muerte de los árboles, el carbono se almacena. Por el contrario, cuando una determinada cantidad de árboles en los bosques se corta o descompone en exceso de la tasa de crecimiento, entonces el carbono es liberado1.

La pérdida de bosques contribuye hasta en un 30 por ciento a las emisiones globales de gases de efecto invernadero. En el mundo existen unos 10 billones de acres de bosques. Según indicado por la Organización sobre Alimentos y Agricultura de la Organización de las Naciones Unidas, entre 1990 y 2005, se perdió un 3 por ciento de las áreas de bosques del mundo. Sin embargo, la razón de pérdida de bosques ha disminuido desde el año 2000. Además, el aumento en la cantidad de bosques en el hemisferio norte del globo terráqueo ha compensado parcialmente por la pérdida de bosques en el hemisferio sur. Por ende, el nivel de pérdida de bosques en el mundo varía por áreas geográficas. Por ejemplo, en los Estados Unidos, los niveles de deforestación se han estabilizado y son menores a los de otras partes del mundo. La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (U.S. Environmental Protection Agency, “EPA”, por sus siglas en inglés) ha concluido que el uso de las tierras, los cambios en el uso de las tierras y las actividades relacionadas al manejo de los bosques resultaron en un nivel positivo de almacenaje de gases de invernadero de aproximadamente el 17.4 por ciento del total de CO2 emitido en los Estados Unidos. Claramente, la conservación y protección de los bosques reduce el impacto negativo de las emisiones de gases de invernadero resultantes del uso de combustibles fósiles. Además, proveen otros beneficios que posiblemente excedan los obtenidos en cuanto a la contaminación del aire. Entre otras cosas, al prevenir la deforestación se evita la pérdida de hábitats para millones de especies de animales y plantas. Se estima que el 70% de las plantas y animales de la Tierra viven en bosques y, por lo tanto, no podrían subsistir si se destruye su hogar.

Obviamente, no es posible en estos momentos eliminar toda deforestación. Las necesidades económicas y de desarrollo de muchos países no permiten un cese absoluto. Inclusive, ya que los árboles reducen su grado de absorción cuando alcanzan un punto de saturación y equilibrio, el corte organizado y planificado de árboles, acompañado de un nivel de forestación compensatorio, es posiblemente la solución adecuada2. Por lo tanto, la deforestación indiscriminada elimina un importante recurso que contrarresta los efectos de nuestra emisión de gases de invernadero como resultado de actividades industriales.

1 Forest Carbon Storage in EPA’s Waste Reduction Model, http://www.epa. gov/climatechange/wycd/waste/downloads/forest-carbon-storage-inwarm10- 28-10.pdf
2 Forestry Practices that Sequester or Preserve Carbon, EPA, http://www. epa.gov/sequestration/forestry.html

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