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Contaminación lumínica: la experiencia internacional

imagen de una luz rodeando el planeta simbolizando la contaminacion luminica

 

Rafael A. Caballero Torres, MSEM Profesor de ciencias, Universidad Metropolitana en Bayamón

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¿Cuándo fue la última vez que vimos el cielo estrellado? ¿Que tal si pudiéramos tener una noche sin un manto blancuzco o anaranjado sobre la ciudad? La última vez que pude ver el cielo estrellado no fue en Puerto Rico; fue en el pueblito de Taulabé, Honduras. La noche era perfecta. No había luna, ni nubes, no había bruma y parecía que podía alcanzar las estrellas con mis manos… En ese momento de mi vida el término contaminación lumínica no era parte de mi vocabulario, pero sabía que esa experiencia se debía a que estaba lejos de la ciudad más cercana.

Puerto Rico es uno de los pioneros en lograr legislación que atienda el tema de la contaminación lumínica o “luminocturna” (como bien le llama el Dr. Fernando Abruña). Esto es un paso importante ya que se reconoce el fenómeno como un problema ambiental por su efecto sobre la calidad de vida de la ciudadanía debido a la intrusión de luz en lugares no deseados y por su relación con la actividad astronómica. Sin embargo, nuestra ley, la Ley 218 de 2008, no reconoce aún los aspectos de salud pública relacionados con la exposición a la luz artificial durante la noche.

Entre las iniciativas internacionales sobre este novel tipo de contaminación podemos mencionar la solicitud de la UNESCO en 1992 para que se declarara los cielos nocturnos como patrimonio de la humanidad. Once años después, surgió en UNESCO la Iniciativa Astronómica y de Patrimonio Mundial. Esta buscaba establecer un vínculo entre la astronomía y la cultura. Además, aspiraba a crear un listado de lugares para preservarlos por su valor para estos propósitos.

Más adelante, la Organización de las Naciones Unidas declaró el año 2009 como el “Año de la Astronomía”. Este año 2014 volverá a reunirse el Comité de Patrimonio Mundial, parte de la Iniciativa Astronómica y de Patrimonio Mundial de UNESCO.

Al observar imágenes de satélite generadas a partir de la Escala Bortle de Cielos Oscuros, podemos notar que hay una tendencia mundial de aumento para los próximos años. Esta escala establece los niveles de oscuridad en los cielos según la capacidad para observar distintos cuerpos celestes. Las causas para esta proyección de aumento del problema a nivel mundial (si no se atiende con prontitud) pueden ser varias: desparrame urbano, sobreiluminación de vías públicas y edificios, proliferación de letreros que proyectan o dispersan luz hacia arriba, uso de luminarias inadecuadas y otras causas. La imagen para Puerto Rico no muestra áreas oscuras.

En Europa, países como Italia han aprobado leyes que cubren las ciudades más grandes y han comenzado iniciativas educativas como el “Día contra la Contaminación Lumínica”. Por otro lado, aunque España no ha aprobado una ley nacional, tiene leyes en varias regiones del país. Ya en 1988 se había aprobado legislación en las Islas Canarias, lugar con mucha actividad de observación astronómica. La legislación española sirvió como modelo para las leyes que posteriormente aprobaron Italia, Chile, Grecia y otros países.

En Chile, la ley aprobada en 1998 reconoce el valor ambiental y cultural de los cielos oscuros y el gobierno está promoviendo de forma activa la investigación científica en lugares como el Desierto de Atacama e incluso desarrollando una industria de turismo astronómico que está aportando millones de dólares a su economía. La legislación aprobada en Puerto Rico es parecida a la aprobada en este país latinoamericano, pero aún no hemos descubierto el potencial turístico que podemos explotar.

En el presente, más de 300 jurisdicciones estadounidenses han radicado o aprobado legislación para atender el tema. Sin embargo, aunque han surgido iniciativas en el Congreso de los Estados Unidos, ninguna se ha convertido en ley federal. Es interesante notar que tan temprano como en 1972 la ciudad de Tucson, Arizona, ya había aprobado legislación. Siete años después, el informe de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) federal mencionó la reducción de cielos oscuros en los estados continentales. En 1995, la Junta de Asesoramiento Científico de la EPA identificó la contaminación lumínica como un “estresor ambiental potencial”. Desafortunadamente, informes recientes (2007, 2008) ni siquiera hacen mención del problema.

Ciudades estadounidenses que se caracterizan por sus altos niveles de iluminación en las noches, como Nueva York y Las Vegas, se han opuesto a aprobar legislación. Esto contrasta con ciudades como Flagstaff, Arizona, que en 2001 se convirtió en la primera jurisdicción en lograr ser certificada como la “Primera Ciudad Internacional con Cielos Oscuros”, y con París, la “Ciudad Luz”, que para cumplir con la legislación aprobada en 2013 tiene que apagar las luces dentro de locales comerciales una hora después de cerrar sus puertas.

Puerto Rico ya dio en 2008 el paso más fundamental: aprobar una ley de la que podemos sentirnos orgullosos. Ahora nos resta hacer los ajustes necesarios a la ley, asegurarnos de que la hacemos cumplir y educar a las comunidades, las iglesias, la industria, el comercio, los municipios y las agencias del gobierno estatal para lograr sus objetivos. Debemos dar a nuestros hijos e hijas, nietos y nietas, la oportunidad de disfrutar el asombro de mirar el cielo nocturno sin obstáculos. Ojalá puedan darse cuenta de que el Universo está tan cerca como al alcance de sus ojos.

“Las personas de las generaciones futuras tienen derecho a una Tierra indemne y no contaminada, incluyendo el derecho a un cielo puro”

Declaración Universal de los Derechos de las Generaciones Futuras de 1997, UNESCO

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