El fin de una era de transportación en Puerto Rico y el comienzo de otra

Por: Dra. Norma Peña
Miembro Asociado Junta de Planificación de PR

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Foto de atomoviles en un tapon

 

Ya no es necesario pronosticar que el sistema de transportación que tenemos en Puerto Rico enfocado en el auto privado no es sostenible. Basta con saber que la Autoridad de Carreteras y Transportación cayó en una crisis fiscal profunda. Además de no ser sostenible económicamente, la movilidad de las personas en Puerto Rico tampoco lo es desde el punto de vista ambiental por el alto consumo de combustible y de tierra para la construcción de infraestructura, por la contaminación al aire que genera y por la poca resiliencia debido a la ubicación de millas de carreteras susceptibles a inundaciones. Sin embargo, el aspecto social de la movilidad, el tercero dentro del concepto de sostenibilidad, es posiblemente uno de los menos reconocidos y más significativos. Un análisis del aspecto social evidencia aún más la severidad del problema de no tener un sistema de transporte sostenible porque señala lo precaria que resulta la experiencia humana. Aún más, este tipo de análisis destapa que un sistema de transporte insostenible es un problema de salud pública porque encarece el desenvolvimiento de las capacidades humanas. Para que la movilidad de una sociedad sea sostenible en su aspecto social, tiene que promover la justicia, la buena salud y la formación ciudadana. Y esta es la finalidad de un sistema de transporte.

La limitada movilidad que ofrece nuestro sistema de transporte crea más pobreza a pesar de que la población genere actividad productiva. Esta situación no es justa. Nuestra población, aunque sea mayormente pobre (un 45.3% vive bajo el nivel de pobreza y evidencia un ingreso per cápita de $10,658), está obligada a usar autos para manejarse en el territorio. En Puerto Rico hay 3,020,455 vehículos registrados para una población de 3.7 millones y un 89.4% usa el auto para ir al trabajo. Mientras tanto, un auto podría costarle hasta un 38% o más a una persona con un ingreso de $10,0000. La población que utiliza el escaso transporte colectivo, camina o usa bicicleta el 6% de los viajes al trabajo usualmente es cautiva al no tener la opción de comprar y mantener un auto. Sin embargo, la buena movilidad de las personas es fundamental para que puedan expresar y usar al máximo sus capacidades humanas, y en muchos casos, sobrevivir o salir de la pobreza.

Nuestro sistema de transporte no es sostenible porque nos mantiene enfermos y enfermas. La salud, fundamental para el desarrollo de las capacidades humanas, también se ve afectada por los patrones de movilidad de las personas y estos, a su vez, por los patrones de desarrollo en el territorio. Los estudios demuestran que vivir en lugares cuyos patrones de desarrollo son densos y compactos propicia un nivel de actividad física mayor y un índice de masa corporal menor que lugares desparramados. Siendo un lugar desparramado, Puerto Rico presenta un cuadro de obesidad epidémico: 66% de las personas son obesas. La obesidad redunda en enfermedades cardiovasculares (8%), diabetes (15%), entre otras, que son además costosas para atender. El sistema de transportación que tenemos enfocado en al auto privado es complementario al modelo de desarrollo desparramado, el cual desalienta la movilidad activa, el caminar y el usar la bicicleta.

Finalmente, la formación ciudadana no se puede dar desde un vehículo privado por su naturaleza aislante del resto de la sociedad, que queda excluida en cada viaje. Al contrario, durante los viajes a pie, en bicicleta y guaguas, en terminales de lanchas y estaciones de tren, la persona tiene el roce social necesario para verle la cara “al otro” y experimentar la diversidad en la que vive. En estos espacios, mayormente públicos, los ciudadanos y ciudadanas nos reconocemos parte de una sociedad más grande que el individuo o incluso que la clase social o el grupo de pares. Esa diversidad la vemos y tocamos hombro con hombro en una guagua; la escuchamos en las discusiones sobre política y religión, además de cultura popular y gobernanza, cara a cara fuera del auto. La exposición a la diversidad en la que vivimos es ingrediente básico para una sociedad de tolerancia, necesaria para la paz, sana convivencia y solidaridad. La experiencia estéril en el auto privado nos priva como sociedad de aprender, crecer y transformarnos juntos; cancela la sostenibilidad de nuestra sociedad puertorriqueña.

En fin, el transporte en Puerto Rico no es sostenible porque no cumple con ninguno de los tres renglones que definen el concepto y su relación entre sí. Tenemos muy buenas razones y una gran oportunidad para repensar no sólo cómo pagar una deuda, sino cómo encontrar soluciones a nuestra necesidad de movilidad a largo plazo y terminar con la era del uso casi exclusivo del auto privado. Las modificaciones y alternativas sostenibles que desarrollemos marcarán una nueva era en la transportación en Puerto Rico. Deberán integrar redes para caminar y usar sillas de ruedas, andadores y coches, y podrán aprovechar la infraestructura vial disponible para usar otros modos motorizados más económicos, menos contaminantes y más socializantes.

 

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