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Iluminación sustentable para oficinas e industrias

truco fotografico de edificios en la noche lanzando luces hacia fuera

Por: Mariel Taviana Acevedo

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Cuando hablamos de sustentabilidad y luces, rápidamente, pensamos en ahorros energéticos y en consumo de luz. Sin embargo, en el mundo de la iluminación, hay otros factores a considerar, tales como el contenido de las bombillas, la vida útil de éstas y de la lámpara y el material de construcción y sus efectos, no sólo en nuestro medio ambiente, sino en nuestra salud y comodidad. Por esto, antes de decidirnos por una tecnología en específico, es importante definir el espacio, su uso y sus habitantes. En este artículo se hablará sobre las distintas tecnologías y sus distintas aplicaciones en oficinas y almacenes: fluorescente, halógeno, LED, HID (High Intensity Discharge) e inducción. Además, se discutirá el uso de los controles de manera breve y se mencionarán varios temas que se dejarán abiertos para futuros artículos.

Para hablar a fondo de la iluminación, es imperativo tener claras varias definiciones de palabras que las personas profesionales de la industria pueden usar para explicarle los pros y los contras de las distintas lámparas y de sus bombillas.

Índice de Rendición de Color o CRI – Este número, que va del 1-100, indica cuán bien una bombilla representa el color real de un objeto. El sol, por ejemplo, tiene un CRI de 100, pues bajo su luz los colores son exactos y vibrantes. Sin embargo, al otro lado del espectro tenemos la bombilla de sodio de alta presión (High Pressure Sodium o HPS), como las que usamos en las carreteras, que tiene un CRI de 20-30. Bajo esta luz, todo se ve anaranjado y es muy difícil determinar formas y colores. La bombilla típica fluorescente tiene un CRI entre los 70 y 80, llegando algunas a los 90. Lo mismo ocurre con la de haluro metálico (Metal Halide), la de diodo emisor de luz (LED) y la de inducción. Por lo general, la de halógeno se considera en los 90.

Temperatura de Color o CCT – Describe cómo observamos una luz en términos de color. Este número no tiene relación alguna con el calor emitido por la bombilla. Por lo general, nos referimos a Cálido (2700K), Neutral (3000-3500K) o Frío (4100 – 6000K). Mientras más abajo en temperatura, más rojiza se ve la luz. Mientras más arriba, más azul. El CCT es importante para determinar la ambientación de un espacio e, incluso, su percepción de brillantez. Por lo general, si queremos que se vea acogedor, usaremos un color más calido y, si queremos dar la apariencia de brillantez, utilizamos un color más frío.

Vida Útil – Es el punto en el que, en un laboratorio, el 50% de las bombillas han fallado. Ejemplo, un tubo T8 Fluorescente tiene una vida útil de 30,000 horas. Esto quiere decir que bajo estudio, a las 30,000 horas, 10 de las 20 bombillas estudiadas fallaron. En el caso del LED, la vida útil se refiere a cuándo el LED esté emitiendo un 70% de la luz original.

Footcandles (fc) – Ésta es la medida de la luz en la superficie de trabajo o el piso. La aplicación y la persona usuaria determinarán cuantos fc se necesitan para cada espacio. Tomar en consideración quién estará trabajando en un oficina o transitando por un camino es un factor crítico al momento de determinar los fc, pues el ojo de una persona de 60 años ve el 50% de lo que ve el ojo de una persona de 15 años.

Lumens – Define la cantidad de luz que sale de la bombilla o lámpara. La eficacia de las distintas tecnologías se define en lumens/ watt que indica cuánta luz por consumo provee dicha tecnología.

Como mencioné anteriormente, cada aplicación implica a una persona usuaria y un trabajo que se realiza en el espacio. Para tener el espacio más sustentable posible, tenemos que saber cómo utilizar la luz a nuestro favor. Comencemos por nuestras oficinas. La persona promedio pasa aproximadamente de 40-50 horas semanales en su oficina. Es importante para su ritmo circadiano y su visión que la luz sea agradable, uniforme y en cantidades suficientes – queremos que vea bien, y el tener exceso de luz puede ser contraproducente para esto.

La mejor luz, indiscutiblemente es la daylight o la luz natural. Es gratis, no le hace daño al ambiente, tiene un CRI de 100 y el cuerpo la necesita para mantenerse saludable. Sin embargo, se debe tener cuidado de que no sea tan brillante que nos cause deslumbramiento – incomodidad en la vista – y de que no nos aumente la carga térmica – nos dé más calor. Las ventanas deben tener tintes y debemos utilizar cortinas que permitan que la luz entre, pero la controle.

Los tragaluces y las lámparas tubulares de luz natural (Tubular Daylighting Devices) son métodos muy comunes de llevar la luz a espacios que no están cerca de la ventanas y se usan ampliamente tanto en oficinas como en almacenes. La luz natural a menudo se combina con la luz artificial para que se complementen mutuamente. En este caso es mejor que las lámparas se puedan atenuar.

En las oficinas, dependiendo de la altura del techo y de nuestro presupuesto, se puede utilizar lámparas colgantes o recesadas. La iluminación debe ser directa/ indirecta para evitar sombras y ayudar a la uniformidad. En ambos casos, ya se están viendo en el mercado variedades de éstas en fluorescentes y en LED.

Las recesadas fluorescentes y las parabólicas tradicionales se han ido cambiando a lámparas conocidas como de “Alta Eficiencia”. Éstas hacen el trabajo de una lámpara de 3 tubos con sólo 2. Recordemos que la bombilla fluorescente es altamente eficiente, unos 90 lm/w y tiene una vida típica de hasta 30,000 horas, pero contiene mercurio y deben ser recicladas cuando lleguen al final de su vida. Además, si quisiéramos combinarlas con la luz natural, reemplazar el transformador típico por uno atenuador puede doblarle el costo a la lámpara.

Es importante conocer que es imperativo, e inclusive parte del nuevo código energético comenzando en el 2013, que los espacios estén controlados por sensores de movimiento. Esto quiere decir que cuando el espacio no esté en uso, las luces se apagarán. Los sensores de movimiento son un tema que discutiremos a fondo en nuestro próximo artículo, pero para efectos del tema de hoy, asegúrense de que el transformador que llevan sus lámparas fluorescentes sea del tipo de encendido rápido (Rapid Start). Esto alargará la vida de sus bombillas.

En cuanto a la iluminación LED, este año comenzaron a surgir en el mercado verdaderas opciones de estas lámparas que pueden ser aplicadas en oficinas. La mayoría son recesadas y un poco costosas, pero su consumo energético es mucho más bajo, no generan calor, lo cual nos ahorra en aire acondicionado, y no contienen mercurio. Además, muchas de ellas son atenuables. Ahora, debemos tener mucho cuidado. Por lo nuevo de esta tecnología, hay muchos productos allá afuera que no cumplen con los requisitos mínimos, o que no son tan eficientes como otros. Es muy importante utilizar una empresa manufacturera reconocida, preferiblemente americana o europea.

En el mundo industrial, uno de los consumos más grandes de energía suelen ocurrir en los almacenes. Son espacios muy transitorios, de techos bien altos y mucho pietaje. La iluminación tradicional en estos espacios ha sido con lámparas de 250-400 vatios en Metal Halide o High Pressure Sodium. Éstas son lámparas de muy alto consumo, con transformadores que hacen mucho ruido y su mantenimiento puede ser muy costoso.

Afortunadamente ahora tenemos opciones mucho más prácticas, como las High Bay Fluorescentes (lámparas con 4 ó 6 tubos T8 o T5) o las nuevas High Bay en LED e inducción, que nos pueden cortar el consumo hasta un 50%. Ambas tecnologías pueden utilizar sensores de movimiento para que se apaguen ya sea individualmente o por fila. Una buena técnica es escalar la iluminación, logrando la mayor cantidad de ahorros. El mejor escenario es uno donde tenemos luz natural con fotoceldas y lámparas fluorescentes o LED con sensores de movimiento individuales que encienden cuando la luz natural no es suficiente – o que la complementan.

Recuerden que con las bombillas fluorescentes y de inducción tenemos que tener planes de reciclaje, pues ambas contienen mercurio y deben ser desechadas correctamente. Lo mismo ocurre con los transformadores magnéticos de las viejas lámparas HID. Por lo tanto, si van a hacer una modernización o Retrofit de sus facilidades, asegúrense de que las lámparas removidas sean procesadas debidamente.

Muchas veces, en Puerto Rico, se da la situación de que tenemos demasiada luz, sin saber que lo es. Un ejemplo clásico ocurre en nuestros pasillos, baños y espacios transitorios. Son espacios que sólo requieren de 10-15 fc, pero por lo general tienen hasta 30 fc. Otro gran problema es el dejar las luces encendidas cuando no hay nadie. Es por esto que es muy importante integrar sensores de movimiento al diseño o al Retrofit.

Tanto para la oficina como para el almacén, hay muchos tipos de aplicaciones y muchos tipos de soluciones. En futuros artículos se discutirá más a fondo la tecnología en LED, los sensores de movimiento y la luz natural como estrategia de iluminación.

Lo más importante para mí, al momento de iluminar un espacio, es que la persona que lo use esté cómoda y que la luz sea saludable y productiva. La mejor manera de lograrlo es hablar con las personas usuarias y tomar en consideración todos los aspectos de la luz.

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