Importancia de la materia orgánica y la salud del suelo en la agricultura

Por:Ing. Carlos Enrique Pacheco Irizarry

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Foto de una planta en proceso de crecimiento

El 2015 ha sido declarado por la Food Administration Organization (FAO), (suscrita a las Naciones Unidas), como el año para la protección de los suelos. Es muy poca la atención que le dedican los gobiernos y el público en general a esta parte esencial del planeta Tierra. Los suelos son parte fundamental en la protección del recurso agua, la producción de medicinas, el control del cambio climático, la producción de textiles, el control de inundaciones y la más importante, la seguridad alimentaria del planeta. Aquí discuto la interacción del suelo con la agricultura y la importancia que provee la materia orgánica para mantener una producción eficiente y sostenida de alimentos.

La ciencia que estudia los suelos se conoce como edafología. Estudia las características del suelo, su formación, el efecto del medio ambiente sobre él, sus usos, utilidad, elementos que lo componen y su conservación. Enfocaré en el mantillo, la capa superficial de la tierra. La ciencia ha estimado que le toma a la naturaleza sobre 500 años desarrollar una (1) pulgada de su espesor y, por ende, puede clasificarse como un recurso no renovable.

La importancia del suelo no solo consiste en su capacidad de conservar los elementos básicos que apoyan la vegetación que florece sobre él, sino en el papel que juega en el manejo del recurso agua y su relación con el calentamiento global. El principal peligro para la salud de los suelos es romper su integridad física por medio de la deforestación, laboreo intensivo y desconocimiento de las buenas prácticas en su manejo. El resultado de este mal manejo es la erosión de suelos que arrastra sedimentos y nutrientes transportados por la escorrentía pluvial. El arrastre provoca pérdida de fertilidad, incremento en niveles de turbiedad en el agua, sedimentación de los lagos, introducción de nutrientes en exceso a los cuerpos de agua. También le afectan los pesticidas, herbicidas y una variedad de compuestos químicos recalcitrantes, hormonales y las manipulaciones de genética.

A principios del siglo XIX, Puerto Rico, mediante una agricultura impulsada por los monocultivos del café, tabaco y caña, desforestó la mayoría de sus montes. Todavía podemos observar, par de siglos después, que la vegetación es de un bosque joven y muchas arvenses que demandan (y aportan) muy pocos nutrientes. Durante el proceso de industrialización del pasado siglo, se abandona prácticamente la agricultura dando paso a la ocupación de las mejores tierras de la llanura para viviendas y carreteras. En la mayoría de los casos ese mantillo fue removido para dar paso a la construcción, desconociendo su importancia como un recurso norenovable.

Uno de los principios básicos de la agro-ecología es ver el suelo como un ente viviente. Se dice que en un (1) centímetro cúbico de composta vive la concentración más alta de seres vivientes del planeta. Para lograr un “proceso de humificación” necesitamos incorporar materia orgánica a los suelos. La naturaleza provee esta materia orgánica poco a poco con la caída de hojas y árboles al terreno, por la interacción de organismos con esa biomasa, integrando ciclos naturales y convirtiéndola en compuestos asimilables por las plantas en reciclaje de nutrientes. Los bosques son la manifestación de milenios de este continuo proceso.

Esta materia orgánica se compone de dos elementos principales; carbono y nitrógeno (C/N). El carbono es consumido por los microorganismos en sus procesos energéticos. Termina como dióxido de carbono y nitrógeno. Este nitrógeno es transformado de forma que las plantas pueden absorber fácilmente. Para introducir un proceso agrícola eficiente, tenemos que mantener este balance de ciclos naturales. La agricultura, al intervenir en este proceso, tiene que re- introducir materia orgánica para reponer la que sustrae mediante los cultivos. Este balance, además de proveer las condiciones eficientes de agua, luz y oxígeno, mantiene esta “comunidad viva” y el ambiente idóneo para suplir nutrientes y micro-nutrientes esenciales en el desarrollo de cultivos saludables y con alta capacidad nutritiva.

Las prácticas agrícolas convencionales se fundamentan en proveer nutrientes principales y constituyentes esenciales en una forma soluble y sin prestar mucha importancia a la incorporación de la parte orgánica. Eventualmente, la introducción de estos agro-químicos afectan la flora y fauna que habita en ese perfil de suelo requiriendo insumos adicionales en un círculo vicioso que no favorece a la persona agricultora, ni al ambiente, ni menos la rentabilidad de la producción agrícola. Peor aún, todos estos insumos agro-químicos se importan. No producimos material nitrogenado, no tenemos yacimientos de minerales ricos en fósforo, potasio y solo productos comerciales producidos mediante procesos agroquímicos extranjeros.

Entonces, el reto consiste en poder producir nuestros propios fertilizantes a partir de las herramientas que nos provee la agroecología: siembras de leguminosas, producción de hongos micorrizas y técnicas como asociaciones de plantas, rotaciones y policultivos. La realidad es que la mayoría de nuestros agotados terrenos necesitan introducir material orgánico en una forma eficiente.

Este material orgánico se encuentra en nuestros residuos de comida; tenemos que reciclar esa biomasa. En estos residuos se encuentran los nutrientes y el agua. Decimos reciclar, porque la materia orgánica que queremos preparar deberá pasar por algún proceso de descomposición, ya sea compostación, fermentación y/o descomposición anaeróbica. Todos estos procesos tienen sus ventajas y desventajas, así como sus niveles de equipamiento y metodología. Actualmente el compostaje es la forma predilecta y costo-eficiente para transformar la materia orgánica en forma asimilable por las plantas y los microorganismos.

En Puerto Rico apenas se recicla el 4% de la materia orgánica disponible. Las oportunidades son inmensas de poder desviar toneladas de materia orgánica de nuestros recargados sistemas de relleno sanitario (vertederos) si existiera una política de apoyo gubernamental hacia esas iniciativas. En otros escritos mencioné la recicloponía como estrategia de recoger estos residuos en una forma fermentada y desviarlo a composteras que compartan cultivos que se vendan a los mismos generadores a precios de descuento. Esta metodología promete la producción de acondicionadores y enmiendas a los suelos que pueden mantener esta materia orgánica en un uso beneficioso. A su vez, esta método de integrar recogido de orgánicos, compostaje, siembras y distribución provee la oportunidad de que la persona agricultora realice sus ventas directas al generador.

Invito al Departamento de Agricultura a que re-evalúe su estrategia. Es posible nutrir nuestros suelos con biomasa que de otra forma terminaría en vertederos o, peor aún, en incinerar estos nutrientes y lanzarlos al aire. Nuestra agricultura puede fundamentarse en esta iniciativa con ventajas para el bien común: desarrollamos oportunidades de trabajo en la elaboración de productos orgánicos y en la reducción de importaciones, desviamos la biomasa más contaminante de los vertederos y mejoramos nuestra seguridad o soberanía alimentaria reduciendo el calentamiento global.

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