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La agricultura ecológica, opción ante al cambio climático

Por Nelson Álvarez Febles*

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Foto de vegetales

Los eventos de temperaturas extremas son cada vez más usuales en el mundo y Puerto Rico no es la excepción. De los últimos 10 años más calientes a nivel global, desde que se comenzó a llevar control de las temperaturas hace 150 años, la mayoría ha ocurrido desde el año 2000. El 2015 quedará como el año más cálido a nivel global, mientras que el máximo anterior se registró en el 2014. Ya se ha registrado un aumento mayor a un grado Celsius, acercándonos a los fatídicos dos grados, a partir de los cuales existe bastante consenso de que el proceso planetario será irreversible. En Puerto Rico, en los últimos años, se han contabilizado más de 40 días anuales de calor extremo, mientras que en los años ochenta y noventa el máximo anual era de alrededor de 25 días por año. A un nivel cotidiano, se comenta que el tradicional fresquito de las navidades cada temporada llega más tarde y dura poco.

El ciclo de carbono es la base de la vida. La mayor cantidad del carbono en la Tierra se encuentra almacenado en las rocas. El resto del carbono, con el cual interactuamos, se almacena como CO2 (dióxido de carbono) en la atmósfera (2%), biomasa en plantas terrestres y suelo (5%) y combustibles fósiles en reservas geológicas (8%) y en los océanos (85%). El carbono interviene en la respiración humana, en la fotosíntesis y en el uso de los combustibles fósiles.

Siempre se han registrado cambios en los patrones climáticos a lo largo del tiempo debido a causas cíclicas naturales como la radicación solar, la deriva continental y las corrientes oceánicas. También, por eventos extraordinarios como explosiones volcánicas masivas o impactos de meteoritos. Sin embargo, en la actualidad, por cambio climático se entiende un cambio de clima que altera la composición de la atmósfera mundial, atribuido directa o indirectamente a la actividad humana a través del impacto antropogénico.

Imagen representando el ciclo del carbono

Combustibles fósiles y calentamiento global

Con la era industrial, desde el siglo XVIII, el ser humano empezó a utilizar cada vez mayores cantidades de combustibles fósiles ancestrales, extraídos del subsuelo de la Tierra. La alta demanda de energía por parte de los países desarrollados es la principal causa del calentamiento global, debido a que sus emisiones contaminantes son las mayores del planeta. Se señala que desde el año 1850, Estados Unidos y Europa han generado el 70 % de las emisiones totales de CO2.

Esta demanda de energía hace que cada vez más se extraigan y consuman los recursos energéticos tales como el petróleo, el gas y el carbono, combustibles que al quemarse producen los llamados gases invernadero: CO2 en fábricas y medios de transporte, y metano a través de algunas actividades agropecuarias, como la producción de carne o la siembra industrial de arrozales. Al aumentar el CO2 en la atmósfera, se calienta más la superficie terrestre debido al efecto invernadero.

Además de una mayor combustión de combustibles fósiles, base energética de la revolución industrial, la deforestación para convertir los bosques en tierras agrícolas y de pastoreo, junto a otras prácticas agroindustriales, han sido y son importantes agentes del cambio climático.

Imagen presentando una grafica de los alimentos y el cambio climatico

La cadena agroalimentaria contribuye al cambio climático

El sistema agroalimentario mundial, principalmente el agroindustrial de altos insumos externos, contribuye hasta 50% de los gases de efecto invernadero. Estudios recientes han establecido que una de las principales causas del calentamiento global es el sistema dominante agroindustrial de producción, elaboración, transportación, conservación y consumo de alimentos. Según un estudio de GRAIN,1 ese sistema produce hasta la mitad de los gases invernadero a nivel mundial a través del uso de fertilizantes, pesticidas, maquinarias y la destrucción de los suelos, la producción industrial de animales en grandes granjas, la deforestación y el procesamiento, comercialización y trasporte de alimentos.

Los estudios sitúan la contribución de las emisiones agrícolas —las emisiones producidas en los campos de cultivo— en algún punto entre el 11 y el 15% de las emisiones globales de gases con efecto invernadero. Mientras tanto, la expansión de la frontera agrícola es un componente dominante de la deforestación y contribuye entre el 70 y el 90% de la deforestación global. Esto significa que unos 15–18% de las emisiones globales de gases con efecto de invernadero son producidos por el cambio en el uso del suelo y la deforestación ocasionada por la agricultura. Además, hay que añadir el impacto del transporte, la conservación, la refrigeración, los empaques, el procesamiento, la ganadería, los desechos orgánicos y la venta al público consumidor de los alimentos (ver la gráfica).

Los alimentos que contribuyen más al cambio climático son las carnes rojas, los lácteos, los huevos, el pescado (sobre todo la pesca y piscicultura industrial), las aves, el aceite de palma y los alimentos altamente procesados. A nivel global, la producción y el consumo de carne tienen una proyección de crecimiento de 17% para el 2024 y se proyecta que se duplique para el 2050.2 (Recordemos, ante ese pronóstico, las recomendaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud sobre la reducción del consumo de las carnes rojas, ante sus posibles impactos cancerígenos.)3

Una de las alternativas al impacto negativo de la agricultura sobre el cambio climático es establecer estrategias que reviertan, a nivel mundial, la pérdida de materia orgánica en los suelos. Esa pérdida es una de las consecuencias de la agricultura industrial promovida por la revolución verde y las compañías transnacionales, al basar la fertilización de los cultivos en el uso de abonos de síntesis química y eliminar la práctica tradicional de devolver materia orgánica a los suelos. Se calcula que entre el 25 y el 45% del dióxido de carbono de más en la atmósfera es el resultado del deterioro de los suelos.

Devolver materia orgánica a los suelos traería otros beneficios, como prevenir la erosión y la desertificación, incrementar la producción agroecosistémica y fomentar la biodiversidad.

La agricultura ecológica tiene el potencial de mitigar el cambio climático

Los suelos agrícolas tienen un enorme potencial para aumentar el secuestro de carbono y potencialmente son una alternativa para mitigar la concentración de CO2 en la atmósfera. Algunas técnicas agroecológicas podrían aumentar la materia orgánica en los suelos agrícolas y, por lo tanto, secuestrar carbono disponible en el ambiente: la diversificación de cultivos, la integración agrícola y pecuaria, el aumento de árboles y la protección de la vegetación silvestre. Además, una estrategia para revertir el impacto actual de la agricultura sobre el cambio climático debería priorizar los mercados locales, la integración productiva a nivel de las fincas, así como reducir los desmontes y la tala de bosques.

En consecuencia, la agricultura ecológica tiene el potencial de reducir significativamente la producción de gases invernadero mediante:4

  • la reintegración de la materia orgánica a los suelos, que puede reducir entre un 20 y 35% de las emisiones y, en algunos años, capturar una parte importante del CO2 que ahora está en la atmósfera.
  • una agricultura sin pesticidas, herbicidas ni abonos de síntesis, que utilice los recursos internos de la finca y los locales.
  • la producción integrada de cultivos y animales.
  • el mercadeo local de alimentos y productos frescos y la reducción de la cantidad y distancia del transporte, así como de los empaques.
  • la eliminación de monocultivos industriales y la sustitución de las plantaciones de árboles por bosques.
  • la protección y rescate a la agricultura familiar, local y tradicional, que con sus prácticas producen alimentos a la vez que protegen la naturaleza.

Un nuevo video de La Vía Campesina y GRAIN aporta los elementos necesarios para comprender cómo el sistema agroindustrial de alimentos perjudica nuestro clima, mientras sugiere cómo podemos actuar para cambiar el rumbo y comenzar a enfriar el planeta. ¡Y este es un desafío para todos y todas!5

(*) El autor es especialista en agricultura ecológica y sustentabilidad, y autor de los libros El huerto casero: manual de agricultura orgánica y La Tierra Viva: manual de agricultura ecológica. Correo: info@ecoser.org

1GRAIN. (2012). “El gran robo de los alimentos: cómo las corporaciones controlan los alimentos, acaparan la tierra y destruyen el clima”. Alimentos y cambio climático: el eslabón olvidado. págs. 97-101.
2GRAIN. “Los tratados de libre comercio impulsan el cambio climático: el factor alimentario.” Octubre 2015.
https://www.grain.org/article/entries/5319-los-tratados-de-libre-comercio-impulsan-el-cambio-climatico-el-factor-alimentario
3El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer evalúa el consumo de la carne roja y de la carne procesada. http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2015/cancer-red-meat/es/
4GRAIN. “La agricultura campesina puede enfriar el planeta.” Presentación de 28 diapositivas, PDF. 2009. http://www.grain.org/es/article/entries/4170-la-agricultura-campesina-puede-enfriar-el-planeta
5Ver el excelente video educativo sobre estos temas: Vía Campesina y GRAIN. 2015. “Juntos podemos enfriar el planeta.” 2015. https://vimeo.com/140427376

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