Las ciudades como la solución

Por: Arq. Cristina Algaze, LEED AP

Página anterior;

Imagen deuna ciudad  en relieve  de color blanco con un fondo dibujado de yerba.

Hoy día somos más de 7 billones de personas en el planeta y para finales de siglo llegaremos a un máximo estimado de 11 billones. Con esta alta densidad poblacional es fácil reconocer que la suma de las acciones individuales conforman un impacto ambiental considerable a nivel planetario. Tanto así que la ciencia ha nombrado informalmente a la actualidad como el Antropoceno, la era en que el cambio del estado del planeta es infligido por las acciones humanas. Un lado positivo de este aumento poblacional es que surge junto al aumento en crecimiento urbano. Actualmente, la población urbana llega a un 54% de la población total del planeta y se estima que para el 2017 la mayoría de las personas vivirán en áreas urbanas. Por lo general, una ciudad tiene menos impacto ambiental que un tipo de desarrollo más disperso como la suburbia. Por tanto, debemos ver a la ciudad como el lugar oportuno para establecer la transformación hacia la sostenibilidad.

El bien común a largo plazo: denominador común de los parámetros de una ciudad sostenible

Algunas lecciones de éxito demuestran que concertar la planificación urbana a base del bien común a largo plazo es la clave para salvaguardar los recursos naturales, permitiendo una prosperidad social y económica. Hay múltiples parámetros que conforman la ciudad sostenible, pero aquí vamos a agruparlos en tres grandes áreas

1. Localidad, densidad y usos Para promover la conservación de áreas naturales, se debe localizar el crecimiento urbano en áreas ya impactadas (urbanas e incluso suburbanas), mediante el relleno de espacios subutilizados o remanentes. Esta densificación debe venir acompañada de una diversidad de usos para suplir a distancias accesibles las múltiples necesidades de sus habitantes. La densidad da paso a otros beneficios que surgen de manera sinérgica. Algunos de ellos son:

  • la costo efectividad de la transportación alterna y del establecimiento de infraestructuras,
  • la disminución de zonas de crimen mediante vecindarios que se mantienen activos 24 horas al día,
  • un vecindario denso y de usos mixtos que permite aumentar vías peatonales y/o para bicicletas, promoviendo estilos de vida saludables,
  • mayor proximidad entre el trabajo y la vivienda, lo que minimiza el tiempo y la energía invertida en transportación.

Ejemplos de esto son los recientes proyectos que han ido transformando la ciudad de Nueva York de vehicular a peatonal. Un proyecto estrella es el conocido Highline. La rehabilitación de una antigua línea de tren convertida en parque lineal ha permitido nuevos usos y comercios en un área deprimida de la ciudad. El proyecto ha demostrado que promover áreas recreacionales y peatonales regenera la biodiversidad natural de la zona y fomenta actividad económica y social.

2. Infraestructura eco-efectiva y edificaciones

La infraestructura es fundamental para viabilizar la ciudad y debe trabajarse simultáneamente a dos escalas que son por naturaleza interdependientes: la de la ciudad y la de sus edificaciones. Los sistemas actuales de energía, manejo de agua - agua potable, aguas usadas, aguas pluviales-, y materiales y recursos deben sustituirse por alternativas

eco-efectivas, es decir, re-diseñar la manera en que hacemos las cosas para que no solo minimicen el impacto ambiental, sino que sean regenerativas con el medio ambiente, y por ende, de beneficio para el bien común.

Un ejemplo de un sistema de infraestructura eco-efectiva podría ser la cosecha de agua de lluvia en San Juan, PR. Si cada techo urbano contribuyese a una cosecha de agua local, disminuiríamos grandemente los elevados costos e inefectividad de tratamiento y bombeo de agua desde un embalse lejano. De esta manera, se ahorra agua y simultáneamente energía. Se pudiese incluso alcanzar un sistema de ciclo cerrado si complementamos la utilización de agua de lluvia con elementos como equipos de plomería de bajo consumo, reutilización de aguas grises para riego y tratamiento de las aguas usadas mediante la mimesis de sistemas de filtración naturales, por ejemplo, los ‘living machines’. Es importante notar que esta estrategia no sería igualmente viable para una ciudad en Arizona. Por esta razón, toda estrategia debe estar circunscrita a su condición local y climática.

Ejemplos actuales de logros a nivel de ciudad en cuanto a infraestructura son Alemania, que ya ha logrado suplir mediante energía renovable mas KWh de lo que consume en un fin de semana típico, y San Francisco, que actualmente recicla más del 70% de su basura, disminuyendo drásticamente sus vertederos y llegando a su meta de “basura cero”.

3. Participación comunitaria y autogestión

Más allá de planes maestros a gran escala, la vida urbana se genera en pequeños bolsillos o núcleos de ciudad que le sirven a quienes la viven y la necesitan. Por esta razón, la participación comunitaria es la clave para dirigir una transformación basada en el sentido de pertenencia por parte de las personas usuarias. Esta apropiación del espacio permite una revitalización urbana auténtica asegurando su mantenimiento.

Permitir un urbanismo autogestado es instrumental tanto para la sostenibilidad ambiental como para salvaguardar la salud y seguridad en áreas de altos niveles de pobreza, problema urbano que predomina a nivel mundial. Hablamos de lugares donde hay un solo inodoro por cada 500 personas como ocurre actualmente en Nairobi, Kenya.

Un gran ejemplo de un proceso participativo es el proyecto VPUU (Violence Prevention through Urban Upgrading) en los ‘slums’ de Khayelitsha, Ciudad del Cabo, Sudáfrica que se ha ido implementando desde el 2006. El proyecto ha impactado positivamente a aproximadamente 200,000 personas. La metodología del proyecto ha sido permitir que la comunidad sea parte del proceso de desarrollo. El proyecto se nutre de la inclusión de la comunidad en el análisis del estado de las áreas, proceso participativo para otorgar las prioridades de intervención y de asignación de tareas de operación y mantenimiento a miembros de la comunidad. Consistió en la inserción de una serie de edificios altos que funcionan como “nodos de seguridad”, los cuales cuentan con vigilancia 24 horas al día y con infraestructura para llamadas de emergencia. Estas intervenciones lograron un gran desarrollo social, económico y ambiental a su alrededor. Ahora existen parques, áreas seguras de juego de niños, desarrollo de vías de comunicación y transporte y un menor índice de criminalidad en todas estas comunidades.

Proyectos comunitarios como VPUU, que con pequeños gestos logran grandes beneficios de transformación urbana, validan las palabras del urbanista Jaime Lerner :“Toda ciudad puede cambiar en menos de 3 años, no es cuestión de tamaño, ni de recursos financieros.”

Página anterior;