portada pequena de abril del 2016

Menos ruido: más diversidad Impacto de ruidos antropogénicos en la fauna de Puerto Rico

Por: María Isabel Herrera-Montes Candidata Doctoral, Departamento Biología, UPRRP

Página anterior;

 

Foto de autopista con camiones y automoviles pasando

¿Alguna vez se ha puesto a pensar cuántos sonidos no deseados (ruidos) hay a su alrededor? Por ejemplo, el perro de una persona vecina, el televisor, los acondicionadores de aire, el camión de la basura, la ambulancia, una lancha, un avión o quizá el sonido del “expreso”. Vivimos en un mundo ruidoso, en una cultura ruidosa, pero estamos tan acostumbradas que en muchas ocasiones estos ruidos de nuestro entorno pasan inadvertidos. Sin embargo, el ruido es un enemigo más peligroso de lo que imaginamos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), es uno de los principales contaminantes ambientales en áreas urbanas que tiene la capacidad de impactar la salud humana, disminuyendo el rendimiento y el bienestar de las personas.

Sin embargo, el efecto del ruido se extiende más allá de las ciudades, llega a impactar áreas naturales terrestres y marinas, no tiene barreras de dispersión y es muy difícil de controlar y manejar. Estos ruidos que llegan a áreas naturales tienen la capacidad de modificar el ambiente sonoro natural y afectan negativamente a la fauna (animales) que allí habita. Muchos grupos de fauna tales como aves, insectos, ranas, ballenas, delfines y manatíes usan el sonido de una manera similar al ser humano, como una forma de comunicarse entre sí. Emiten sonidos de advertencia ante peligros, sonidos entre madre y crías, sonidos territoriales y sonidos para atraer parejas. La intromisión del ruido en los ambientes de la naturaleza hace que estos sonidos naturales no puedan ser transmitidos ni escuchados adecuadamente, por lo cual muchas de las funciones vitales de estos animales se ven gravemente afectadas.

El estudio de los efectos del ruido de origen humano en la fauna es un tema que ha despertado el interés de personas investigadoras en los últimos quince años. Las investigaciones han logrado determinar que el ruido afecta a la fauna a múltiples niveles, por ejemplo, el ruido les genera a los animales altos niveles de estrés, lo que los hace más susceptibles a depredadores, más propensos a enfermedades y, además, disminuye sus tasas de reproducción. Los animales cambian también sus patrones de comportamiento, alejándose de zonas ruidosas, cambiando sus cantos para poderse comunicar en medio del ruido o empezando a cantar más temprano o más tarde para evitar el ruido. La mayoría de estos estudios se han llevado a cabo en zonas templadas, países europeos y en Estados Unidos, donde la diversidad de animales es baja y donde las leyes de control de ruido suelen ser bien estrictas. Pero en este momento poco sabemos del problema del ruido para la fauna en áreas tropicales, zonas que son altamente biodiversas y que, además, tiene altos niveles de crecimiento poblacional, expansión urbana poco controlada y controles de ruido inexistentes o no aplicados correctamente.

Este es el caso de Puerto Rico, un país tropical, con alta biodiversidad y gran cantidad de especies endémicas, es decir, especies que solo existen en la Isla, pero donde además existe una gran red de carreteras, alta densidad de carros (más de 600 vehículos por cada mil habitantes, de acuerdo con estadísticas del Banco Mundial) y altos niveles de contaminación acústica, de acuerdo con la Junta de Calidad Ambiental de Puerto Rico (JCA). En medio de todo este contexto, y apoyados por la JCA y una Beca de Incentivos para la Conservación de la Ford Motor Company, PR, en el año 2008 decidimos iniciar estudios acerca del efecto que tiene el ruido en la fauna de Puerto Rico.

Empezamos realizando estudios en bosques alrededor de los expresos y principales carreteras que llegan al área metropolitana de San Juan. Con estos, logramos determinar que algunas especies de aves como las palomas y los búhos se alejaban de las áreas más ruidosas cerca de los expresos donde no podían transmitir ni escuchar sus cantos y solo fue posible localizarlas en zonas más silenciosas al interior del bosque y lejos de la carretera. Cuando analizamos qué sucedía con otro grupo de animales como las ranas, encontramos que estas no se desplazaban a lugares con menos ruido, dado su poco nivel de movilidad en comparación con las aves; sin embargo, las ranas o coquíes usaban otra estrategia para escapar del efecto de enmascaramiento que producía el ruido de los carros: cantar más alto para poder hacerse escuchar en medio del ruido (Herrera-Montes y Aide 2011*). Este fue el primer estudio de este tipo realizado en la Isla y nos permitió entender que las comunidades animales están cambiando su composición y comportamiento, que estamos perdiendo especies por causa del ruido y que es prioritario hacer más estudios para poder entender mejor esta dinámica y generar alternativas de manejo y mitigación del ruido en función de la sensibilidad de la fauna.

Así surgieron nuevas preguntas, las cuales estamos tratando de responder en este momento, como, por ejemplo, qué pasa en otras zonas de Puerto Rico más alejadas del área metropolitana, cómo afecta el ruido a la diversidad que pretenden proteger nuestros parques naturales y áreas protegidas, qué está pasando en sitios únicos como el Yunque que alberga una gran diversidad y al mismo tiempo tiene una gran cantidad de visitantes.

Estoy convencida de que la problemática del ruido va mas allá de las ciudades y de su efecto sobre el ser humano, pero que siendo el mismo ser humano quien la genera, es nuestro deber tratar de darle solución. Pequeños cambios en nuestras costumbres diarias pueden hacer la diferencia, porque la fórmula es sencilla: menos ruido es igual a más diversidad.

Y tú, ¿qué puedes hacer?

  • Revisa periódicamente tu vehículo.
  • Usa más los medios masivos de transporte.
  • Comparte tu carro.
  • Cuando vayas en tu carro, bájale el volumen al radio.
  • Cuando visites un bosque o área protegida, no lleves música e intenta usar un tono de voz bajo, ¡para que puedas disfrutar de los sonidos de la naturaleza!

¿Quieres más información con respecto al efecto del ruido en la fauna? ¿Te gustaría participar de nuestro estudio como persona voluntaria? ¿Quisieras una charla sobre el tema? Visita nuestra página en Facebook Menos Ruido: Mas Diversidad (https://www.facebook. com/menosruidomasdiversidad/) o escríbenos al correo isahemontes@gmail.com.

*Herrera-Montes, M. and Aide, T. (2011) Impacts of Traffic Noise on Anuran and Bird Communities. Urban Ecosystems 14, 415-427

_________________

María Isabel Herrera-Montes Candidata Doctoral Departamento de Biología, Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras.

Bióloga colombiana que adelanta sus estudios doctorales en Biología, lleva nueve años viviendo en Puerto Rico. Su principal interés es entender cómo las actividades humanas impactan a la fauna tanto en áreas naturales como urbanas.

 

 

Página anterior;