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Planificación [Sostenible]

Por: Jorge Carbonell

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Siempre me han parecido redundantes los adjetivos que utilizamos al describir la planificación (y a veces, también el urbanismo y/o la arquitectura). Casi siempre estos apellidos reiteran cualidades implícitas en los términos que acompañan, pero según el momento, según la moda o, a veces..., como ahora, según la urgencia, van cambiando. Pasamos de la planificación integral (hace más de 30 años), a la planificación multidisciplinaria, la estratégica, la verde... y, ahora, la sostenible o sustentable. Es como si la planificación urbana y regional pudiera plantearse sin integrar lo económico y lo social con lo físico. Por definición, la planificación debe ser estratégica, consciente del ambiente y dirigida a la sostenibilidad de los sistemas que componen el ambiente natural, así como el construido.

La planificación se define como al proceso de toma de decisiones para alcanzar un objetivo o futuro deseado. Los apellidos que acompañan el término de planificación se refieren más al objetivo, la meta, el resultado, el propósito..., al deseo. Ahora, en estos tiempos de crisis, de calentamiento global, de cénits o picos en la producción de recursos no renovables, de desplomes financieros-económicos, la sostenibilidad que cualifica la planificación se refiere a la urgente necesidad de plantear y provocar un cambio de paradigma, de cuestionar el crecimiento y promover el desarrollo.

Está claro que no siempre se ha planificado de esta manera y que, aunque se haga, la práctica nos ha llevado por otros senderos. Senderos insostenibles de crecimiento en un mundo (e isla) con límites en sus recursos.

Es urgente pues, que ahora que globalmente estamos llegando a unos máximos, redefinamos cómo ocupamos y organizamos el territorio. Recientemente, en un artículo sobre el cénit del petróleo y de la producción energética urbana, citaba al arquitecto-antropólogo cultural mexicano, Armando Páez, quien señala un posible sendero a seguir para el urbanismo de este siglo 21:

“El urbanismo del siglo XXI tiene que ser energéticamente consciente y eficiente, esto será consecuencia de un diseño institucional adecuado. La sostenibiidad de los sistemas urbanos está en función de las capacidades energéticas y organizacionales de las sociedades que habitan en ellos... “

En Puerto Rico, la inconciencia e ineficiencia energética definen y caracterizan la manera en que hemos ocupado y manejado nuestro territorio. El CEDES/UMET señalaba hace unos años que en la región metropolitana de San Juan, en el período comprendido entre 1935-2000, la población había aumentado en un 300% mientras que la huella construida se había extendido en casi un 1,300%. La huella ecológica de nuestra urbanización emula los peores ejemplos. Según el Banco Mundial: “Another key issue of urbanization is the ecological footprint of cities. Compact cities use less energy for transport..., and consume less land for housing, which leads to reduced carbon emissions. This is demonstrated by comparing Atlanta and Barcelona. Although the two cities had similar populations in 1990, Atlanta at present occupies over 26 times the physical space of Barcelona. The footprint of these two economically successful cities is different today, with per capita CO2 emissions of Barcelona accounting for about 9% of those of Atlanta.” [http://wbi.worldbank.org/wbi/ stories/sustainable-urban-landuse- planning-course-respondsurbanization- challenges].

La suburbanización (urbanización en las áreas suburbanas) y, por ende, el uso intensivo-extensivo del automóvil ha promovido un modelo insostenible que tenemos que comenzar a revertir, de ahí la importancia de establecer un marco institucional, un plan de uso de terrenos, que reconozca nuestros límites y oportunidades y que defina una visión de futuro (utopía) energéticamente viable. Esto nos obliga, además, a revisar nuestra estructura organizacional que, atomizada en 78 entidades, multiplica la ineficiencia y el malgasto.

Es en este contexto de crisis y urgencia que Páez recomienda redefinir y proyectar un nuevo urbanismo basado en los conceptos: simplificación, austeridad, frugalidad, autosuficiencia, regionalismo, transporte público eléctrico, ciclovías, zonas peatonales, concentración decentralizada, bioclimatismo, energía renovable, eficiencia enérgetica, agricultura urbana, agroecología, bosques perimetrales, metabolismo circular...

En Puerto Rico, aunque estas nociones no nos son extrañas y hemos logrado ciertos avances con algunas de ellas, hemos carecido de coherencia entre la política y la gestión pública. Para dar un ejemplo, a principios de este siglo (dic 2004) inauguramos un sistema ferroviario eléctrico de transporte colectivo, con una línea de aproximadamente 18 kms, con 16 estaciones entre los municipios de San Juan, Guaynabo y Bayamón. Bautizado como Tren Urbano, su recorrido mayormente se realiza por áreas suburbanas y su utilización no ha logrado alcanzar su potencial de movilidad. Apenas alcanza, si acaso, los 40,000 pasajeros diarios cuando tiene la capacidad de mover tres veces esa cifra. Pues resulta que esta billonaria inversión [$2.5 billones] ocurre en tres municipios que han perdido población en la última década. Simultáneamente, se ha permitido y promovido el crecimiento poblacional en áreas cada vez más lejanas de la inversión realizada en infraestructura de transporte colectivo. Si la gestión y política pública fuera coherente, los recientes y renovados incentivos para la compra de vivienda debieran valorizarse según su ubicación. En estos tiempos de economía negativa y según los conceptos esbozados en la cita, la prioridad de estos incentivos debiera ser para las áreas cercanas a las estaciones [16] y para aquellos centros urbanos con infraestructura subutilizada que se planifiquen densificar. Con cierta coherencia se puede aspirar a cierta sostenibilidad.

Las utopías necesarias deben bosquejarse a partir de los límites, no de fugas tecnológicas proyectadas al infinito. Desde la década de 1970 habitamos el futuro. La sostenibilidad nos propone la alternativa de sobrevivir como especie en un ecosistema (planeta) al límite. Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades es un difícil, pero imprescindible, teorema que debe consolidarse desde la hipótesis de la coherencia y de lo racional que nos puede proveer la planificación.

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