Un estilo de vida sostenible

Por: Evelyn Ortiz Avilés & Max Pérez Padró Instituto de Permacultura de Puerto Rico

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Imagen artistica de una casa sostenible

Un estilo de vida sostenible se define como aquel en el que se consumen bienes y servicios que no dañan la economía, el medio ambiente, ni la sociedad. Permite desarrollar una comunidad que apoye la creatividad, la diversidad y la innovación. Es un concepto que transforma de manera responsable a las personas que componen dicha sociedad para crear comunidades más estables, productivas y comprometidas con el medio ambiente. Está atado a los patrones de comportamiento, a las necesidades que tiene cada individuo, sus motivaciones, deseos y condiciones ambientales y socioeconómicas. Este estilo de vida precisa que redefinamos los conceptos de necesidad y suficiencia para estimular una sociedad equilibrada.

La crisis ambiental, económica y social con la que el mundo se enfrenta hoy deja ver muy claramente que se agotan los recursos y el modelo de crecimiento que teníamos antes. En nuestro afán diario, nos enfocamos en vivir la vida planificando una meta que siempre está más allá de nuestras posibilidades. Nos encauzamos a tener una casa lujosa, familia con más cosas materiales, etc. Esta mentalidad tiene un impacto en el medio ambiente y en la sociedad en la que vivimos. El modo de vida establecido por la sociedad misma, ha causado que tengamos una degradación ecológica, sufrimiento humano y agotamiento de los recursos naturales.

Por eso, se requiere que se exploren nuevas alternativas y nuevas soluciones para establecer un estilo de vida sostenible y que hagamos un esfuerzo por compensar de alguna manera el daño que le hemos causado al medio ambiente. Este sistema debe ir a tono con las necesidades existentes de alimento, educación, salud, seguridad y vivienda, entre otras, pues se estima que para el 2050 habrá 9.000 millones de habitantes y que se necesitarían 4 planetas adiciones para satisfacer nuestras necesidades y nuestra forma de vida.

Ante este panorama surge el imperativo de buscar soluciones que sean innovadoras, que tengan sentido de colaboración y que respondan a las necesidades, retos y valores de nuestra sociedad. La actitud, el conocimiento, la educación y la experiencia que se precisan para un desarrollo sostenible tienen que permitir que las personas y las comunidades sean las protagonistas del cambio hacia ese desarrollo. Todos y todas deseamos vivir en una comunidad habitable, próspera, saludable, segura y que nos brinde a nosotras y nosotros, a nuestros hijos e hijas, la oportunidad de vivir en un mundo mejor. Para ello se necesita urgentemente que hagamos cambios en nuestra forma de vivir haciendo lo siguiente:

  • clasificando la basura y separándola,
  • comprando en el mercado local,
  • comprando menos,
  • confeccionando nuestra propia ropa,
  • construyendo de manera ecológica,
  • consumiendo menos material plástico,
  • controlando la población,
  • creando riquezas reales,
  • cuidando de la flora y de la fauna,
  • desconectando los equipos electrónicos cuando no estén en uso,
  • evitando celebraciones de consumo,
  • fomentando el trueque o el intercambio,
  • haciendo huertos comunitarios,
  • haciendo nuestro propio huerto,
  • llevando nuestra propia comida al trabajo,
  • manteniéndonos saludables,
  • sembrando árboles,
  • preparando nuestro propio alimento,
  • reciclando,
  • recolectando agua de lluvia,
  • secando la ropa al sol,
  • trabajando en equipo,
  • unificando las comunidades,
  • utilizando combustible y energía renovables,
  • utilizando la tecnología apropiada,
  • utilizando ropa 100% algodón,
  • viajando en transporte colectivo.

La mayoría de las personas no están preparadas para vivir una vida sostenible porque están acostumbradas a llevar una vida cómoda. Carecen de objetivos reales, de una buena planificación, no toman en consideración el medio ambiente, producen, consumen y eliminan. O sea, utilizan lo que necesitan, lo consumen y luego echan a la basura esos desechos en vez de convertirlos en materia prima de producción o reciclaje. Por otra parte, carecen de estructuras para la toma de decisiones, el diseño y el conocimiento de las prácticas arriba mencionadas para alcanzar una vida sostenible.

La permacultura nos ofrece las herramientas necesarias para que podamos lograr un nuevo estilo de vida. Estas herramientas nos permiten reducir el impacto al medio ambiente, establecer una economía solidaria, tener acceso al conocimiento y, a su vez, utilizarlo como vehículo para intercambiar información con otros y otras. Por otra parte, permite fomentar la producción y el consumo responsable a través del uso adecuado de las tecnologías ancestrales, igual que de las modernas, para mejorar nuestra calidad de vida.

Un estilo de vida sostenible es el resultado de un desarrollo sostenible. Este se obtiene mediante la adaptación, el compromiso, la organización, los principios éticos y los nuevos hábitos de comportamiento que debemos asumir para alcanzar nuestro objetivo.

Adquiere el conocimiento y las prácticas necesarias, aprende, capacítate y estudia para que seas parte del cambio hacia una nueva forma de vida. En el Instituto de Permacultura de Puerto Rico te podemos ayudar...acepta el reto y haz la diferencia por ti y por los tuyos.

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